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Las últimas palabras del Che Guevara

Guevara señala a la maestra una frase que está escrita en la pizarra y le dice que está mal escrita, que tiene un error: “le falta el acento”. La frase era “Yo sé leer”.

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"Antes de ser asesinado, Ernesto Che Guevara pasa la noche previa en la escuelita de La Higuera. La única que tiene con él una actitud caritativa es la maestra del lugar, Julia Cortés, que le lleva un plato de guiso que está cocinando la madre.

Cuando entra, está el Che tirado, herido, en el piso del aula.

Entonces -y esto es lo último que dice Guevara, sus últimas palabras-, Guevara señala a la maestra una frase que está escrita en la pizarra y le dice que está mal escrita, que tiene un error.


Él, con su énfasis en la perfección, le dice: “le falta el acento”.

Hace esta pequeña recomendación a la maestra. La pedagogía siempre, hasta el último momento.

La frase (escrita en la pizarra de la escuelita de la Higuera) es “Yo sé leer”.

Que sea ésa la frase, que al final de su vida lo último que registre sea una frase que tiene que ver con la lectura, es como un oráculo, una cristalización casi perfecta.

Murió con dignidad con el personaje del cuento de London*. O, mejor, murió con dignidad, como un personaje de una novela de educación perdido en la historia”.

* Se refiere al cuento de Jack London, “encender una hoguera”.

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Ricardo Piglia; El último lector. Ed Anagrama. Madrid 2005.

Nota: ya sé que se le atibuyen al Che otras últimas palabras más heróicas, como las descritas en “Las últimas palabras del Che”, “Las últimas palabras de Ernesto Che Guevara antes de morir”, o en “las últimas palabras del Che Guevara, por el mismo que lo ejecutó”.

Seguramente no sean estas que les traigo las verdaderamente útimas palabras del “Che”. No me lo imagino callado ante sus captores, ni sumiso ante su fisulamiento.

Sea como fuere, este pasaje de Piglia está desprovisto, por inusual, de la épica que los hagiógrafos del “Che” han querido darle a toda su peripecia vital.

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Cuando despiertes, el dinosaurio ya no estará allí…

La mujer de Augusto Monterroso se levantó insonme.

Fue a la cocina, agarró el cuchillo más grande que encontró y degolló al dinosaurio.

Volvió al dormitorio y le susurró a su marido al oído:

"Cuando despiertes, el dinosaurio ya no estará allí".


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Adaptación libre del famoso microrrelato de Augusto Monterroso"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí"

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La mejor conversación de sexo

Después de mantener la peor conversación de sexo posible le dejé que me acompañara a casa y a pie de portal me sorprendió:

Beso. Toulouse Loutrec. 1892.


- Me muero de ganas por conocer el sabor de tus labios.


Creí que me moría de risa, pero consentí.

Se arrodilló bajo mi vestido y posó sus labios sobre mis esos otros labios.

Se me cortó la risa de cuajo. Hablaron y hablaron…


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Belinda. Ingeniero de Telecomunicaciones, de 39 años, El Hierro.
Colaboración publicada en El País Semanal, edición impresa, el 7 de agosto de 2011, página 73, en la sección veraniega de Sexo.

La imagen está sacada de la Historia del arte erótico de Anarkasis.

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Hay siete clases de…

1) los que no saben;

2) los que no quieren saber;

3) los que odian el saber;

4) los que sufren por no saber;

5) los que aparentan que saben;

6) los que triunfan sin saber, y

7) los que viven gracias a que los demás no saben. Estos últimos se llaman a sí mismos “políticos” y a veces hasta “intelectuales”.

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Isaac Asimov vs. Arthur C. Clarke

Uno de los supervivientes de un accidente aéreo declaró que había podido mantener la calma leyendo una novela de Arthur C. Clarke.

Clarke envió el recorte a Asimov con una nota:

- “Qué pena que no estuviera leyendo una de tus novelas. Habría dormido durante toda la terrible experiencia”.

- “Al contario -contestó Asimov. La razón por la que estaba leyendo tu novela era porque si él hubiese estado entre los fallecidos, la muerte le habría llegado como una liberación celestial”.

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Cierta historia de física

En un amperio
de un día de julio,
iba don hertzio
montado en caballo de vapor
que hacía kilowat, kilowat, kilowat…

Chocó contra un faradio,
dio un voltio,
cayó en un watio,
y de no ser por un ohmio
que lo agarró por el culombio,
la dina.

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En caso de sismo…

En caso de sismo…

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Pegaso, cambiando la telefonía en México

Pegaso, cambiando la telefonía en México

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Perdónate por no ser el más rico, el más alto, el que tiene el mejor cabello. Perdónate por no ser el más exitoso, el más lindo o el que tiene el mejor auto. Perdonarte por no ganar siempre. Perdónate por tener miedo. Pero nunca te perdones a ti mismo por no intentarlo.

Quote
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“Cada mañana en África una gacela se despierta. Sabe que tiene que correr más rápido que el león más rápido para no morir ese día.

Cada mañana un león se despierta. Sabe que tiene que alcanzar a la gacela más lenta para no morir de hambre.

Moraleja: no importa si eres el león o la gacela. Cada día cuando salga el Sol, ¡corre!“

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— Herb Caen